Salvando las distancias, como querías,
te llevé con mis huesos al portador.
Apagué el cigarrillo con una lupa
que estaba en un cajón del mostrador.
Después, vino la noche, y nos trajo el sueño,
el sueño que descarta la obligación
y supe que contaba los alfileres
del arco y del compás del corazón.
Sir Arthur “Sherlock Holmes”, estudio escarlata,
entró con su santo y seña en un callejón
y detrás de las curvas de una mulata
el nombre del testigo se escabulló.
Y nada nos importa, no importa nada,
cuando en la nube mustia hay un corralón
y los besos que sobran, nos echan falta
gritando envido a nadie, que nos amó.
Al cabo de una hora, en grado alfa
idiomas y colores pusieron luz
al ritmo de novela, que huía en balsa
fugada de la mente, en rendez-vous.
Seguimos abrazados abrazados como pareja
que entiende que hacia el alba llega Jesús
a completar la lista de condenados
que olvidan su boleto del autobús.
Sir Arthur “Sherlock Holmes”, estudio escarlata,
entró con santo y seña en un callejón
y detrás de las curvas de una mulata
el nombre del testigo se escabulló.
Y nada nos importa, no importa nada,
cuando en la nube ruda hay un corralón
y los besos que sobran, nos echan falta
gritando envido a nadie, que nos amó.
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