miércoles 29 de febrero de 2012

Próximos al final

PRÓXIMOS AL FINAL.
            
Puede ser que los tiempos
estén próximos al final.

Tenemos las puertas cerradas.
La única forma de abrirlas
será pagando un alto precio:
quebrándonos los dedos contra estacas
de algarrobo,
rompiéndonos las púas 
a arañazos limpios.

No hay reconciliación alguna
entre el ardid publicitario
y la conmoción interior
ni habrá rehabilitación
en lujosos hoteles atrofiados.
Tus alaridos no se escuchan
lo suficientemente audibles
hasta tocar el fondo.

Las gentes entendidas
manducan entremeses
sanguinarios, irreconocibles.
Pueden concebir la ovación
como una moneda fastidiosa y vitalicia.
Diga lo que diga la Biblia,
nadie ignora la pira de los pobres.

Ko Maru Kai Atu
Ko Maru Kai Mai
Ka Ngohe Nghoe.

Santa retórica de la bondad
en su fértil derrota
de perdedores del mundo salvaje.
Sin venturas con cadencia fortuita,
ni  progreso universal de fiestas rutinarias.

La disciplina pega fuerte
con morosa precocidad
creando fantasmas del orden,
estatuas pequeñas en plazas utópicas.

Apenas 17, linda, y ya estás borracha.
Good marketing del vicio.
Good bye. Au revoir.
Bye, bye.  Arrivederci.
No conviene olvidar la ambigüedad
manipulada, de la imagen proyectada,
la crueldad del esqueleto tardío.

Los hombres de negro y de sagrada aristocracia
te roban el destino,
envileciendo conciencias.
Estremece pensar el resultado
de tu lucha yerma por huir
atravesando puertas oclusas
con hormigón, candado y cerradura.
 La foto es al solo efecto ilustrativo (Stalin con su hija Svetlana en brazos)